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martes, 30 de octubre de 2018

Tratado INF, fin de una época

Retirada estadounidense del Tratado INF

La cuestión del anuncio unilateral de retirada del Tratado INF por parte de EE.UU no representa un hecho significativamente novedoso al tratarse de una mera formalidad cara a la opinión pública. De facto, este tratado ya había sido violado por Washington incluso antes de la instalación de bases de misiles de doble uso en Rumanía y Polonia.

Sin embargo es Estados Unidos quién acusa a Rusia de haber violado el tratado desde 2014, cuando Barack Obama acusó a Rusia de haber probado un misil de crucero terrestre de alcance medio denominado Novator 9M729 y conocido por la OTAN como SSC-8.


Este tratado, firmado en 1987 y que prohibía los misiles balísticos y de crucero (nucleares o convencionales) cuyo rango estuviera entre 500 y 5.500 kilómetros, supuso una dolorosa concesión soviética por parte de Gorbachov y una ventaja sustancial para EE.UU.

Según los argumentos estadounidenses ahora utilizados, el 9M729 es un tipo de misil de crucero ruso diseñado para ser lanzado desde sistemas Iskander, y que superaría el rango en efecto prohibido por el INF. Rusia afirma que su misil no viola las cláusulas del Tratado al no superar los 500 kilómetros y que todo su armamento de corto y medio alcance recogido en el acuerdo se basa en buques y aviones.

Mientras que se lleva hablando de este asunto desde 2014, Washington aún no ha aportado evidencias convincentes, demostrando que EE UU carece de ellas.

En cambio, es perfectamente contrastable como EE.UU viola el Tratado INF con la instalación en Rumanía y Polonia de las rampas de lanzamiento Mk-41 VLS, teóricamente destinadas a albergar los misiles interceptores SM-3, pero también capaces de lanzar misiles de crucero de medio alcance Tomahawk, incluidos los armados con cabezas nucleares (BGM-109A).

Así mismo, Rusia también considera que EE.UU ya ha violado el tratado mediante misiles prohibidos en distintas pruebas y también mediante la proliferación de drones armados estadounidenses.

Arquitectura de seguridad mundial

En un largo pero continuo proceso, Estados Unidos ha ido desmantelando el sistema de tratados y acuerdos internacionales que servían de base a la seguridad mundial después de la Segunda Guerra Mundial.

Y ahora, tras la salida de EE.UU de los tratados ABM e INF, EE.UU ha dinamitado definitivamente la denominada arquitectura de seguridad global. Estos tratados son interdependientes y constituían, independientemente de su eficacia, los únicos compromisos pactados en esta materia; incluso el mismísimo Bolton reconocía en su momento que el INF era “uno de los pocos acuerdos de control de armamentos que se implementaron, verificaron y aplicaron de manera efectiva”.

Pero eso es pasado y en el futuro se plantea otro acuerdo bilateral clave que saltará por los aires; el START III de 2010, acuerdo para reducir los arsenales nucleares hasta un 30%, (1.550 cabezas nucleares en cada país) y ratificado entre diciembre de 2010 y enero de 2011 por Obama y Medvedev.

Firmado para 10 años, será por tanto efectivo hasta el 8 de abril de 2020, fecha en la que expirará. Y parece claro que no se renovará si nos fijamos en los fondos ya asignados por el Congreso para la modernización nuclear impulsada por el Nobel de la Paz Obama.

Otro factor deja en evidencia las intenciones estadounidenses tras acusar repetidamente a Rusia de haber violado el tratado. EE.UU no busca ningún afianzamiento de la seguridad puesto que ninguna de las partes reducirá su acumulación de armas sino todo lo contrario, y puesto que impulsará la industria armamentística estadounidense, clave económica de EE.UU, así como en menor medida también impulsará la industria militar rusa

¿Por qué EE.UU se retira oficialmente del Tratado INF?

A lo largo de su Historia, EE.UU sólo mantiene los tratados mientras las condiciones pactadas le favorezcan. Las leyes estadounidenses no obligan al Presidente a cumplir los acuerdos internacionales, además de dotarle de la capacidad para romperlos en cualquier momento si amenazan la seguridad nacional o los intereses estadounidenses, convirtiendo de facto cualquier acuerdo con dicho país en poco más que una mera representación.

En este sentido el historial estadounidense es delatador. Sin remontarse en exceso en el tiempo, el mundo ha asistido atónito a cómo Trump hacia pedazos el multilateral y largamente negociado Tratado JCPOA con Irán.

Trump también canceló diversos acuerdos comerciales de la noche a la mañana, pero no es necesario focalizar el problema en el actual Presidente puesto que se trata de una política de Estado llevada a cabo por prácticamente todos los presidentes estadounidenses. Con George W.Bush y con John Bolton en el gobierno, EE.UU también se retiró unilateralmente en 2002 del Tratado ABM, firmado entre Nixon y Brezhnev en 1972.

Anteriormente, Bill Clinton había roto la promesa efectuada por George H.W Bush al cándido Gorbachov acerca de la expansión de la OTAN hacían las fronteras rusas. Desde Bush hijo hasta Trump, todos han continuado impulsando este proceso iniciado desde 1999 y mediante el cuál hasta 13 países se han adherido a la OTAN. Los próximos aspirantes ultiman su adhesión; aparte de Macedonia, una vez Georgia o Ucrania se integren, la OTAN tendrá dos nuevas fronteras directas con Rusia.

Pero también EE.UU es conocido por otro aspecto en relación a los acuerdos internacionales, como son las imaginativas fórmulas utilizadas para infringir los límites supuestamente pactados.

Por ejemplo, en el Acta Fundacional Rusia-OTAN de 1997 ( anterior a las primeras ampliaciones de la Alianza a partir de 1999) la OTAN se comprometía a no desplegar tropas de forma permanente en los nuevos países miembros ( Polonia, Hungría y República Checa ) salvo que las circunstancias cambiasen.

Ahora, EE.UU y la OTAN argumentan que la fuerza conjunta de muy alta disponibilidad (VJTF) no se despliega de forma permanente, sino que está “ en rotación permanente ”.

Más graves aún son las violaciones del Tratado de No Proliferación Nuclear (1968), que prohíbe suministrar armas nucleares a terceros países; lo incumplen no sólo estacionado armas nucleares en países como Italia, Bélgica, Holanda.. sino entrenando a pilotos de la OTAN para que usen armas nucleares estadounidenses bajo la fachada legal de que son prestadas para misiones conjuntas de la OTAN.

Pilotos italianos se entrenan para realizar ataques nucleares, bajo las órdenes de Estados Unidos en la base de Ghedi (Italia) pero también pilotos alemanes, holandeses, belgas o daneses en diferentes bases distribuidas por Europa.

Para finalizar, con la generación de nuevo armamento nuclear también viola el Tratado de No Proliferación, puesto que la nueva bomba atómica estadounidense, denominada B61-12 y que reemplazará a la B-61 actualmente desplegada en países europeos, comenzará a fabricarse en serie a partir del año 2020.

Si se cumplen los plazos ya establecidos, el Departamento de Defensa recibirá la primera partida de sus nuevas bombas a lo largo del referido 2020 y apenas cinco años más tarde habrá conseguido sustituir todo su arsenal obsoleto.

Si no hay ventaja no hay tratado

Si a lo largo de su Historia, EE.UU sólo mantiene los tratados mientras las condiciones pactadas le favorezcan, el abandono oficial de este Tratado INF sólo puede venir motivado por la pérdida de la ventaja que les ofrecía.

La firma de dicho tratado fue, en su momento, una clara derrota para la URSS, puesto que ésta disponía mayoritariamente de misiles basados en tierra, en tiempos en los que EE.UU desarrollaba los misiles de crucero tipo Tomahawk. De esta manera obtendría una enorme ventaja debido al poderío de una flota que la URSS no podía igualar, y de manera legal dado que el tratado no decía nada acerca de misiles basados en barcos.

Los misiles Tomahawk entraron en servicio en 1983 y en 1986 alcanzaron su capacidad operacional. De hecho, a principios de 1986, y según la OTAN, el Pacto de Varsovia había desplegado 279 lanzadores de misiles móviles SS-20 con un total de 837 ojivas nucleares en el este de la URSS superando ampliamente al despliegue occidental hasta la firma del Tratado a finales de 1987.

A día de hoy el acuerdo ya no reporta beneficios para EE.UU en gran parte gracias al desarrollo de los misiles rusos de crucero Kalibr, que no incumplen el Tratado INF puesto que se basan en el elemento naval y pueden ser lanzados desde pequeños buques que naveguen por el amplio sistema fluvial ruso.

En concreto, dicha tarea la llevarán a cabo las corbetas del Proyecto 22800 “Karakurt”, las cuáles pueden desarrollar una velocidad de más de 30 nudos. (1)

La Armada rusa dispone ya de 4 de ellas y prevé poner en funcionamiento hasta 18 corbetas clase Karakurt, armadas con el complejo de misiles Kalibr.

Este arma (Kalibr) terminó con el monopolio de los misiles de crucero basados en buques que EE.UU ostentaba en solitario desde 1991.

Fue un 7 de octubre de 2015, cuando los buques rusos de la Flota del Mar Caspio alcanzaban objetivos del Estado Islámico en Siria a 1500 kilómetros y consiguiendo que el equilibrio de fuerzas cambiara irremisiblemente desde ese momento.

Y es que los Kalibr superan a los Tomahawk en alcance máximo (1600 kms frente a los 2000 kms del Kalibr), así como en la posibilidad de superar la velocidad supersónica, puesto que las versiones actuales de los Tomahawk no pueden alcanzar blancos que están a una distancia superior a 1.600 kilómetros, si bien la variante nuclear teóricamente alcanzaría los 2500 kilómetros.


La cantidad supondrá también un factor importante, puesto que el plan estadounidense para un hipotético ataque a Rusia se basaría en un ataque masivo por saturación empleando miles de Tomahawk simultáneamente; si la economía se lo permite, dado que el coste y el tiempo de producción de los misiles Kalibr es inferior al de los Tomahawks, los rusos podrían llegar a acumular un volumen de misiles de crucero mayor que el estadounidense en un futuro no muy lejano, anulando otra de las actuales ventajas de EE.UU en el escenario actual.

( Se estima que el precio de un Kalibr en su versión de exportación es de unos 500.000-600.000 dólares, mientras que un misil de crucero estadounidense Tomahawk basado en el mar cuesta alrededor de 1,5 millones de dólares).

Determinante también es la aparición de otro nuevo tipo de armamento ruso. Cuando Vladimir Putin presentó ante el mundo algunas de las armas rusas diseñadas para dar "respuesta a la salida unilateral del tratado de defensa antimisiles por parte de Estados Unidos", los medios occidentales adoptaron una posición escéptica y prácticamente tomaron a broma lo que el presidente ruso exponía; no obstante, la reciente decisión estadounidense de abandonar el Tratado INF revela que entre los altos mandos estadounidenses el asunto fue tomado completamente en serio. (2)
Entre estos nuevos diseños se incluyen el Kinzhal ( sistema de misiles hipersónicos de lanzamiento aéreo con un rango de más de 2.000 km) o el Avangard (sistema de misiles estratégico capaz de alcanzar una velocidad hipersónica de más de Mach 20, unos 24.696 kilómetros por hora); es decir, Rusia anunciaba públicamente el desarrollo de armas hipersónicas destinadas a cambiar el escenario estratégico existente hasta hoy.

En este nuevo escenario las distancias geográficas resultarán críticas, mientras que el concepto defensivo basado en la profundidad del territorio pierde importancia.

Por tanto, con el desarrollo de las armas supersónicas, tiempo y distancia se convierten en factores determinantes; los misiles Tomahawk actuales desarrollan una velocidad máxima de 880 km/h lanzados, por ejemplo, desde la base estadounidense en Rumanía (Deveselu), situada a 1966 kilómetros de Moscú o desde la base estadounidense en Polonia (Redzikowo) situada a 1600 kilómetros de Moscú.

Actualmente, para Rusia estas distancias suponen disponer de un tiempo de reacción mínimo ( un par de minutos) pero suficiente para actuar contra la amenaza; ¿pero qué ocurriría si EE.UU desarrolla armas supersónicas y las sitúa en bases alrededor de Rusia?.

Habida cuenta de que tanto China como Estados Unidos también están desarrollando sistemas similares propios, es sólo cuestión de tiempo que Rusia pierda entonces la histórica ventaja de la profundidad de su territorio, además de introducir el factor de riesgo añadido que suponen los misiles balísticos y misiles de crucero de corto y medio alcance terrestres, mas difíciles de rastrear y que harían más probable la posibilidad de iniciar una, llamémosle “guerra nuclear involuntaria”, provocada por algún error de los contendientes en el lapso del mínimo tiempo de reacción del que se dispondría .

Ante dicho escenario, Estados Unidos tratará de acelerar el desarrollo de nuevos sistemas de ataque y emplazarlos en sus bases alrededor de Rusia, para lo cuál primero debe abandonar el tratado, cómo así ha sucedido.

Rodear a Rusia

Como hemos referido, el siguiente paso lógico, probablemente ya planificado, sería situar ese nuevo armamento rodeando a Rusia, no sólo desde Polonia y Rumanía, sino también en los países bálticos y muy probablemente también en Ucrania y Georgia.

Hay que recordar que en 1991 el tratado incluyó también a los países sucesores de la URSS y en la actualidad Bielorrusia, Kazajistán y Ucrania forman parte de su implementación, por tanto, la salida del Tratado INF libera a EE.UU para situar sus misiles en Ucrania, frontera directa con Rusia y el mayor peligro potencial para la defensa rusa.

Ante un escenario de una Rusia amenazada por bases de hipotéticos futuros misiles hipersónicos estadounidenses, Rusia podría tomar medidas contundentes contra estos países puesto que la amenaza potencial de una ataque masivo y coordinado desde éstos emplazamientos aumentaría de manera crítica.

Lógica nuclear

La doctrina militar estadounidense contempla el escenario del golpe nuclear preventivo como recurso válido; personajes como John Bolton, que abogaban por practicarlo contra Corea del Norte o Irán (3), creen firmemente en esta doctrina. De ahí la salida de EE.UU del Tratado ABM en el año 2002, resucitando un problema que parecía limitado desde 1972, cuando EE.UU y la URSS firmaban un Tratado de Defensa Antimisiles (ABM), que en esencia trataba de limitar la producción y el despliegue de este tipo de sistemas, una vez que ambas potencias tuvieron claro que su poseedor podría verse estimulado a propinar un primer golpe con armas nucleares, basándose en que la capacidad de respuesta del enemigo sería neutralizada por este tipo de sistemas destinados a contrarrestar misiles balísticos nucleares.

Obviando la locura que supone que sea considerada aceptable una estrategia como ésta, lo cierto que EE.UU considera que puede “ganar” una guerra nuclear si es capaz de eliminar las armas nucleares enemigas en un primer golpe sorpresa que deje a Rusia sin posibilidad de respuesta.

Destrucción Mutua Asegurada

Directamente relacionado pues, con la salida de ambos tratados, EE.UU está buscando la posibilidad de obtener una decisiva ventaja táctica ante Rusia y crear las condiciones para hacer factible su idea de un primer ataque contra Rusia.

Regresamos con ello al peor escenario posible; la lógica perversa de la “destrucción mutua asegurada” (M.A.D) como única posible disuasión para evitar una guerra nuclear que, al igual que en tiempos de la Guerra Fría, no puede ser ganada por ninguno de los contendientes.

Dentro de este desarrollo de escenario catastrófico, la principal y casi única defensa rusa es el aseguramiento pleno de poder ofrecer un contraataque efectivo que destruya también a los agresores.

Imaginando el peor de los casos posibles, es decir, un ataque nuclear conjunto estadounidense y británico, acompañado de masivos lanzamientos de Tomahawk, lo único que quedaría por hacer ante el fin de la Humanidad sería una lanzar una respuesta rusa total a modo de represalia; evidentemente, en un escenario apocalíptico como éste no habría vencedores.

Disuasión

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, declaraba refiriéndose a las maniobras de la OTAN Trident Juncture 2018

"El mejor método para mantener la paz es tener una impresionante disuasión". (4)

Rusia debe hacer precisamente lo que Stoltenberg afirma.

En consecuencia, es absolutamente esencial que Rusia elimine la posibilidad real de un escenario donde EE.UU se crea libre de represalias si inicia un primer ataque contra Rusia. Y la única manera efectiva es desarrollar al máximo una capacidad de respuesta que asegure la destrucción mutua y disuada a EE.UU de iniciar cualquier “aventura nuclear”.

Rusia ya posee capacidades para responder ( sistema Perimeter ) y está desarrollando nuevas tácticas que potenciarán estas capacidades. Entre ellas la posible vuelta de los trenes nucleares.

En efecto, el sistema soviético RT-23 “Molodets”, dado de baja en 2005, poseía una capacidad de evasión y potencial destructivo que ejercieron un poderoso efecto disuasorio sobre la OTAN y EEUU durante la Guerra Fría; su sucesor, en este caso, sería el sistema de misiles ferroviario Barguzin que lo sustituirá equipado con misiles RS-24 Yars.

Los trenes serían casi indetectables en la inmensa red ferroviaria rusa, y, por tanto , asegurarían la respuesta ahondando en el concepto de evitar que no exista un escenario realista donde EE.UU y Reino Unido piensen que estarían a salvo de una respuesta rusa.

Es la principal estrategia para frenar las hipotéticas intenciones estadounidenses y británicas.

Ambas naciones son conscientes de ello y Washington se ha delatado con exigencias absurdas en este sentido llegando a proponer que se incluya en el acuerdo el complejo de misiles móvil ruso RS-26 Yars-M, capaz de destruir objetivos a una distancia de 6.000 km a 11.000 kms y en absoluto relacionado con los misiles de corto y medio alcance.

Evidenciaría que los estadounidenses no están en absoluto preocupados por la seguridad de sus aliados europeos, sino por su propia vulnerabilidad en el caso de un ataque preventivo de EE.UU y la OTAN y la posterior réplica rusa.

Rusia también está desarrollando otras alternativas, como anuncio el Presidente Putin en los primeros meses de este 2018; por ejemplo, torpedos nucleares como el Poseidón que pueden actuar desde una profundidad de hasta 1.000 metros y que también pueden ser lanzados desde submarinos desde el fondo del océano. Dichos elementos constituirían un activo valioso siendo situados en emplazamientos clave como el Ártico, la península de Kamchatka o el estrecho de Bering, reforzando la disuasión al asegurar la represalia rusa.

Las opciones rusas

Estratégicamente, la jugada de Trump y Bolton puede tener consecuencias clave a largo plazo en un asunto tan sumamente delicado como es el armamento nuclear.

Unido a la salida del acuerdo con Irán, restará confianza en la posibilidad de negociación de futuros acuerdos con otros países dado el comportamiento estadounidense ante los compromisos que adquiere y que rompe posteriormente de manera unilateral, propiciando el regreso de la “realpolitik”, basada en intereses prácticos, hechos consumados y acciones concretas, donde los intereses de un país se defienden de acuerdo con las circunstancias actuales de su entorno y no en base a consideraciones diplomáticas o éticas.

Ante la situación planteada tras el abandono estadounidense de los acuerdos, Rusia puede optar por varios ejes de actuación.

Podría implicarse en una carrera armamentística dónde EE.UU trate de llevar a Rusia a la misma trampa en la que cayó la URSS en los años 80 para responder a la famosa Iniciativa de Defensa Estratégica de Reagan, más conocida como la “Guerra de las Galaxias”.

Aquel farol, que supuestamente crearía un escudo defensivo en el espacio que detectaría la trayectoria de misiles balísticos para destruirlos en diversos puntos de su trayectoria, arrastró a la URSS a una carrera armamentística sin sentido que dañó gravemente su economía.

El propio Trump ha alimentado la fantasiosa idea de nuclearizar el espacio exterior mediante la creación de una Fuerza Espacial de EE.UU (5), que por otra parte también violaría el Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967 que prohíbe su militarización. Sin embargo los planes estadounidenses no implican desarrollo nuclear espacial hasta el año 2080 y sí la modernización la triada nuclear clásica.

La segunda opción, es sin lugar a dudas la más inteligente y productiva, consistente en aprovechar la discordia sembrada por Trump.

La decisión estadounidense de retirarse del Tratado INF, no cabe duda, causará fricciones dentro de la propia OTAN al situar de nuevo a Europa como rehén, volviendo a una a situación donde la disuasión se aplica contra los aliados europeos de EE.UU, al igual que en la época de los Pershings previa a 1987.

Al hacerlo oficialmente, EE.UU dota de libertad a Rusia para desplegar misiles terrestres de alcance medio si lo estima oportuno, mientras que para el hipotético despliegue estadounidense en un futuro próximo, Washington debería lograr un consenso con sus aliados europeos en un momento donde el clima político creado por la administración Trump ( gracias también a la ruptura del Pacto con Irán, entre otros motivos) no propician ni el diálogo ni el consenso.

Sin embargo Rusia ni puede ni debe responder simétricamente a EE.UU con despliegues de misiles masivos que puedan terminar empujando a Europa a los brazos de Washington. La opción más prudente e inteligente es continuar el diálogo y la negociación, estrechando los lazos económicos y políticos con Europa y favoreciendo el beneficio mutuo tanto de rusos como de europeos.

China

Finalmente no puede escapársenos otro elemento primordial de la ecuación; en resumidas cuentas, la decisión de abandonar el Tratado INF confirma definitivamente su anunciado giro al Pacífico frente a China, considerada como su mayor problema no solo por la Administración Trump, sino como eje de la política exterior estadounidense para el siglo XXI.

Es evidente que una de las razones principales para salir del acuerdo INF que es que no incluye a China, no sujeta legalmente a las restricciones a las que quedan sujetos los estadounidenses. Sin ninguna limitación para desarrollar misiles de medio alcance en el Pacífico, Estados Unidos considera que el poderío emergente de China debe ser enfrentado igualmente sin ninguna limitación.

Vista la evolución de los acontecimientos en la Península de Corea, EE.UU está previendo un nuevo tipo de escenario donde algunas de las limitaciones del Tratado INF pudieran suponer una traba, de ahí su abandono oficial, dado que tampoco considera factible negociar ningún tratado con China.

Intencionadamente o no, quemando estos puentes diplomáticos EE.UU empuja a Rusia y China a estrechar aún mas su cooperación al máximo nivel, incluido el militar.

Historia del Tratado INF

El 8 de diciembre de 1987, el presidente de la Unión Soviética Mijaíl Gorbachov y el presidente estadounidense, Ronald Reagan, firmaban en Washington el histórico Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio o INF (Intermediate-Range Nuclear Forces).

El acuerdo obligaba a las dos partes a eliminar todos los misiles tanto nucleares como convencionales de corto alcance (entre 500 y 1.000 kilómetros) y de medio alcance (entre 1.000 y 5.500 kilómetros), lanzados desde tierra, así como sus sistemas de lanzamiento, estructuras de soporte y equipos de apoyo asociados a dichos sistemas.

Se trató del primer tratado de su tipo que incluía la eliminación bilateral de armamento, en lugar de establecer un limite y, en vista de sus resultados, demostró como el régimen de verificación incluido en el tratado fue el mas estricto de la historia de control de armamento nuclear.

La crisis de Cuba (1962)

Para comenzar el relato de la gestación y firma del Tratado INF de 1987 debemos remontarnos en el tiempo hasta la famosa crisis de los misiles cubanos de 1962.

Cuando la URSS decidió poner en marcha la “Operación Anádir” e instalar misiles de rango medio en Cuba, trataba de subsanar la desigualdad estratégica con respecto a EE.UU. En aquellos momentos, la URSS apenas disponía de una docena de ICBMS capaces de alcanzar territorio estadounidense desde la URSS; por tanto, el objetivo era situar suficiente capacidad de fuego para alcanzar la mayor parte de las ciudades estadounidenses.

La URSS emplazó en Cuba hasta 42 misiles R-12 (2000 kms de alcance) que serían capaces de atacar cualquier blanco en territorio estadounidense al sur de Nueva York.

Ante la crisis, los halcones militares estadounidenses estaban dispuestos a barrer Cuba mediante una ataque nuclear preventivo y una posterior invasión de la isla, que se vería acompañado si era necesario de una ofensiva nuclear masiva sobre las principales ciudades de la URSS. Por su parte, los soviéticos desplazaron cuatro submarinos al Caribe armados con torpedos nucleares con las mismas órdenes que el resto de fuerzas soviéticas desplegadas en Cuba; proteger la isla a toda costa aún haciendo uso de sus armas nucleares si era preciso.


Lo cierto es que la invasión y el desencadenamiento de una guerra nuclear total sólo se detuvieron cuando el presidente Kennedy pidió a sus generales que le garantizaran que ninguna ciudad estadounidense se vería atacada por la URSS, además de terminar de convencerse de que perderían Berlín occidental en cuestión de horas.

La respuesta del alto mando fue inequívoca; no existía ninguna garantía.

Sólo después de aquello llegó la propuesta secreta de negociación de Jruschev para la retirada soviética que sirvió de salvavidas al presidente estadounidense. Kennedy aceptó las condiciones de no invadir Cuba ni apoyar grupo alguno con esa intención, a la par que retiraría sus misiles balísticos de alcance medio PGM-19 Júpiter de Turquía, lo que no fue hecho público hasta que se llevó a cabo seis meses después para no comprometer la imagen pública de JFK.

En perspectiva, muchos generales y políticos estadounidenses demostraron en aquél momento un alto grado de irresponsabilidad, no pareciendo percibir el enorme riesgo que el mundo entero estaba corriendo al jugar con fuego aún siendo conscientes de su propia vulnerabilidad.

Casi 60 años después, nos encontramos ante una situación que guarda algunas similitudes pero que cuenta con un factor de riesgo añadido como es una élite política y militar estadounidense que no vivió la época de la disuasión nuclear y cree firmemente en el destructivo concepto de la “guerra nuclear limitada” o el “golpe nuclear preventivo”, descritos en su doctrina militar.

Situación en Europa

Mientras sucedía esto en Cuba, en Europa occidental se encontraban desplegados los misiles estadounidenses MGM 31 Pershing, misiles balísticos nucleares de medio alcance y desplegados en bases militares de países aliados desde 1963, incluidos Italia o Turquía. Estos misiles fueron concebidos como un arma táctica nuclear empleable en caso de una hipotética invasión de Europa occidental por parte del Pacto de Varsovia.

Con un alcance de casi 1400 kilómetros, estos misiles se encuadraban dentro la doctrina estadounidense de la época con respecto a una “guerra nuclear limitada” y circunscrita a Europa, sin el uso de ICBMs y, por tanto, sin llegar a alcanzar de manera directa suelo soviético o estadounidense

Sin embargo, hacia mediados de 1970, la Unión Soviética había alcanzado ya la paridad estratégica con Estados Unidos y poco después empezó a reemplazar sus viejos misiles SS-4 y SS-5 con un nuevo misil de rango intermedio (IRBM), el RSD-10 Pioneer (SS-20 Saber en denominación OTAN ) con un alcance efectivo de 5500 kilómetros.

Según el relato occidental, que como vencedor de la Guerra Fría ha impuesto su versión, EE.UU emprendió entonces una doble vía para contrarrestar esta situación; negociar con la URSS para reducir las fuerzas nucleares de rango intermedio, mientras por otra parte decidía instalar en Europa occidental sus nuevos misiles.

En diciembre de 1979, EE.UU desplegó 572 nuevos misiles nucleares en Europa occidental: 108 misiles Pershing II y 464 misiles de crucero con base en tierra. Se situaron en Reino Unido, Alemania Occidental, Italia, Países Bajos y Bélgica. En ese momento (1979) el Pacto de Varsovia tenía catorce sitios de lanzamiento SS-20 seleccionados, con uno operativo, según las estimaciones de la OTAN.

Pero lo cierto es que fue la Unión Soviética quién acordó iniciar negociaciones sobre las fuerzas nucleares de alcance intermedio (6), que comenzaron de facto en Ginebra en octubre de 1980.

En febrero de 1982, la primera propuesta de los negociadores estadounidenses fue la denominada “Opción Cero”, básicamente consistente en la prohibición global de misiles de alcance intermedio y corto.

 La URSS, aún bajo el liderazgo de Brezhnev, se negó a aceptarlo.

La URSS propuso entonces limitar el número de misiles de corto y medio alcance, incluyendo también el número de aviones desplegados en Europa.

Fue rechazada esta proposición puesto que EE.UU no aceptaría retirar aviones de Europa ni dejar de desplegar sus misiles : reclamaban "derechos y límites iguales" que posibilitaran a EE. UU igualar los despliegues de los misiles SS-20 soviéticos.

Entre 1981 y 1983, los negociadores estadounidenses y soviéticos realizaron otras seis rondas de conversaciones que no aportaron soluciones y bloquearon la situación.

A principios de 1983, los negociadores estadounidenses volvieron a insistir en que sólo aceptarían derechos y límites iguales para los Estados Unidos y la Unión Soviética, con dichos límites válidos en todo el mundo pero excluyendo los sistemas de misiles británicos y franceses, cosa que evidentemente no pudo aceptar la URSS.

Todo este proceso, poco fructífero, quedó arruinado cuando, en noviembre de 1983, eran desplegados los primeros misiles estadounidenses Pershing II en Alemania occidental; la Unión Soviética había prometido anteriormente abandonar las negociaciones si eso llegaba a suceder.

La Historiografía occidental atribuye al quehacer de la primera ministra Margaret Thatcher la reanudación del diálogo con la URSS en 1986 y 1987; lo cierto, es que las iniciativas partieron desde Moscú, esta vez de la mano del ya máximo dirigente soviético, Mijaíl Gorbachov.

Fue en enero de 1986 cuando Gorbachov anunció una propuesta soviética de total desnuclearización para el año 2000, incluyéndose por supuesto la desaparición de misiles de corto y medio alcance en Europa. EE.UU rechazó la propuesta e impuso su contrapropuesta; reducción gradual de los misiles de corto y medio alcance en Europa y Asia, poniendo como fecha tope 1989 para su total desaparición, sumado a que no se aplicarían restricciones para las fuerzas nucleares de terceros países.

Dado que este último punto se enfocaba claramente sobre las fuerzas nucleares franco-británicas ( ningún aliado de Moscú en Europa disponía de tales capacidades), es lícito concluir que se trató de una nueva concesión se Gorbachov ante Occidente sin recibir ninguna contraprestación a cambio.

Claudicación de Gorbachov

Este momento ha sido interpretado por muchos como el “fin de la Guerra Fría”, pero realmente simboliza la claudicación de la URSS de la mano de Mijaíl Gorbachov, el impulsor de la perestroika y el glasnost.

En efecto, lo que Gorbachov hizo no fue sino retirar de manera unilateral a la URSS de la Guerra Fría ante el asombro de los EE.UU.

Como supuesto hombre de paz, ningún presidente de la URSS alcanzaría jamás la popularidad adquirida por Gorbachov en Occidente mientras que, en 1988, Reagan declaraba en Moscú ( sólo cinco años después de haber acuñado el término “imperio del mal” para referirse a la URSS por primera vez ) que ya no pensaba que eso fuera así y que cuando él había usado ese término durante la época de Yuri Andrópov se trataba de una “era diferente”.

De hecho en aquella visita de Reagan a Moscú se iniciaron las negociaciones START (Strategic Arms Reduction Talks), consolidadas en julio de 1991 con la firma del Tratado START ya bajo la presidencia de George H.W.Bush y en la que se ha dado en considerar como la primera cumbre de la "posguerra fría".

También era Gorbachov quien, en diciembre de 1988 y ante las Naciones Unidas, anunciaba una reducción unilateral de 500.000 hombres en las fuerzas armadas soviéticas y la retirada de tropas de Europa Oriental; estos movimientos serian ratificados por el tratado firmado en Ottawa en febrero de 1990 entre la OTAN y el Pacto de Varsovia.

Gorbachov seguía cediendo ante Occidente, en la mayor parte de los casos, de manera unilateral, sorprendente e innecesaria.

En política exterior, Gorbachov fue retirando el apoyo militar y económico a los tradicionales aliados soviéticos; Nicaragua, Cuba, Angola, Mozambique, Etiopía o Vietnam. Unos meses antes, un 8 de febrero de 1988, la URSS se comprometía a retirar sus tropas de Afganistán, haciendo efectiva su retirada el 15 de febrero de 1989, con las dramáticas consecuencias posteriores para aquel país, para toda la región y para todo el mundo derivadas de la victoria yihadista en Afganistán y que siguen siendo arrastradas hasta día de hoy.

El acto final se producía en noviembre de 1990 cuando 28 países de Europa Occidental y Oriental, encabezados por EEUU y la URSS, firmaban en París el Tratado de Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE) con el supuesto objetivo de equilibrar en Europa las fuerzas convencionales de los dos bloques militares en el nivel más bajo posible. Entró en vigor el 9 de noviembre de 1992.

Otra nueva concesión soviética, pues, como los anteriores tratados, únicamente favorecía a unas fuerzas de la OTAN numéricamente inferiores en efectivos y equipos militares convencionales presentes en Europa.

Con ello, la URSS cedía definitivamente (7) ante EE.UU y la OTAN, procediendo a destruir más de 100.000 piezas de equipamiento militar convencional (en marzo de 2015, Rusia abandonaba definitivamente este tratado).

NOTAS:
(7) Jean Meyer, “Rusia y sus imperios”, 2007.

lunes, 4 de junio de 2018

Con Trump no hay ruptura; hay continuidad

La pugna interna
Transcurrido más de un año desde la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump, para muchos observadores resulta cada vez más evidente que la pugna interna en los círculos de poder estadounidenses, tanto entre los dos grandes partidos como incluso dentro de los mismos, ha conducido a EE.UU a una encrucijada donde se confrontan al menos dos visiones claramente contrapuestas; la apuesta de Trump por impulsar el liderazgo estadounidense desde una perspectiva "proteccionista", frente a la descarada apuesta del ala demócrata por el modelo clásico imperialista basado en el dominio militar.

No es objeto de análisis en este artículo el aspecto económico-financiero-comercial de las políticas de Trump, donde se imponen otra lógica,otros intereses y otros mecanismos. Desde el aspecto económico y comercial, la administración Trump parece querer sacudir el mundo con una guerra económica que se ampliado más allá de los "enemigos tradicionales" como Rusia, Irán, Venezuela...alcanzando no sólo a China, sino a la UE, Canadá, México o los socios estadounidenses en la región Asia-Pacífico; Trump busca un repliegue estadounidense sobre sí mismo que comienza a atisbar visos de aislamiento internacional, lo que contrasta de manera evidente con el resto de actuaciones emanadas en política exterior desde la Casa Blanca.
 
Evidentemente, no quiere esto decir que EE.UU, bajo la presidencia de Donald Trump, haya renunciado a su papel hegemónico global ni haya renunciado a la injerencia externa en cualquier lugar del mundo, como podemos comprobar día tras día, sino que el modelo de dominación propuesto por estas dos facciones difiere, sino en el fondo, en las formas; al menos eso parecen hacer creer a la opinión publica estadounidense y mundial; las mismas posturas e injerencias imperialistas estadounidenses se tildan de políticamente incorrectas y son ampliamente criticables si su impulsor es Trump, mientras que, aunque no existan diferencias sustanciales, el mismo discurso agresivo e imperialista es considerado aceptable y es alabado por gran parte de los mass media occidentales y la clase política simplemente haciendo desaparecer a Trump de la ecuación.

Si observamos la ingente cantidad de críticas recibidas por la administración Trump a lo largo y ancho del mundo, no encontraremos un solo pero a la política exterior estadounidense con respecto a los escenarios fundamentales ( Siria, Ucrania etc..) ya que lo que Trump pone en práctica no es sino una agenda estadounidense ya configurada, y que, tal vez con otra apariencia sí, hubiera sido igualmente llevada a la practica por cualquier otro presidente estadounidense que hubiese alcanzado el cargo.

Sin embargo, los hechos no se corresponden con estas supuestas discrepancias insalvables, que, en realidad, sólo afectan a las luchas de poder intestinas dentro de los propios EE.UU y no a una diferencia de criterio respecto a la "unilateralidad" o al criminal concepto de la "excepcionalidad estadounidense" fervientemente enarbolado por la señora Clinton.(1)

El discurso uniforme y manufacturado sobre los principales conflictos en desarrollo o la designación de los mismos objetivos y enemigos exteriores no han variado sustancialmente desde el periodo Obama-Clinton, siendo fácilmente comprobable que el torrente de opositores a Trump no menciona estos asuntos de "interés general para la comunidad internacional (léase Washington)", salvo excepciones contadas; parece que la opinión generalizada es que el que lo hace mal es Trump, pero no Estados Unidos, que solo recibe aplausos tras, por ejemplo, bombardear Siria en apoyo de terroristas o seguir apoyando a los mismos neonazis en Ucrania que Obama-Kerry-Clinton auparon al poder.

Con Trump no hay ruptura, hay continuidad
Por tanto, las supuestas diferencias por las que algunos analistas concluyen se estaría produciendo el enfrentamiento antagónico entre la vision "proteccionista y nacionalista" de Trump y la salida hacia delante propuesta por los demócratas en forma de dominación militar global e impedimento de la pérdida de la hegemonía estadounidense, tratando de imposibilitar el desarrollo de potencias pujantes (léase Rusia y China) a través del sabotaje y la injerencia, son solo una forma de ocultar a una anestesiada opinión pública occidental que el concepto imperialista estadounidense de liderazgo global, no solo no ha desaparecido, sino que sigue estando más vigente que nunca bajo el mandato de Trump.

Por ejemplo, la estruendosa irrupción del consejero Jhon Bolton como asesor de seguridad de Trump nos retrae a las políticas más agresivas y belicistas de la era Bush que, sin embargo, coinciden plenamente con el sector más agresivo del ala demócrata por supuesto personalizado en la ex-Secretaria de Estado y aspirante presidencial, Hillary Clinton; sin ir más lejos, gracias a Bolton los demócratas vieron cumplida su reiterativa demanda de atacar reiteradamente al régimen de Damasco en la forma que Obama no llegó a hacer.

En este sentido, resulta revelador comparar aquella vergonzosa entrevista a la Sra.Clinton hablando sobre Gadaffi ,con su famoso "Vine, vi y el murió", con el modelo "pacificador" que Bolton propone a Corea del Norte, y que nos indica hasta que punto la era Trump significa la continuidad.

El pasado 19 de marzo, Bolton declaraba a Radio Free Asia (2) que espera que Trump siga el modelo de Libia al exigir que Corea del Norte renuncie a sus armas nucleares, y que podría ser una "reunión muy corta" si Kim se niega; para cualquier analista medianamente consciente, es inconcebible pensar que Corea del Norte estaría de acuerdo con los mismos términos que Libia aceptó hace 15 años cuando Corea tiene un programa mucho más avanzado y de hecho ya posee armas nucleares.

Trump, aquel que acusaba a Clinton y Obama de crear a Daesh, ha autorizado y liderado (eso sí, desde Twitter) acciones militares en Siria únicamente destinadas a prolongar la presencia en el país árabe de las fuerzas yihadistas puestas al servicio de EE.UU y de sus aliados.

Los ataques, tanto de estadounidenses y aliados como de israelíes, contra las fuerzas sirias, han sido operaciones que trataban de sostener a los diversos grupos yihadistas remanentes como Hayat Tahrir al Sham ( Al Nusrah) cuando desde Washington aún albergaban esperanzas de revertir su derrota sobre el terreno; solo ahora, el Departamento de Estado designa formalmente al grupo Hayat Tahrir al-Sham como parte de una organización terrorista extranjera, oficialmente como "una respuesta a su creciente influencia en el noroeste de Siria", poder que EE.UU ha ayudado a consolidar con ataques como el realizado sobre la base aérea de Al-Shayrat (Homs) en abril de 2017, atacada con misiles Tomahawk lanzados desde los buques estadounidenses USS Porter y USS Ross, con base en Rota (España).

El coordinador de contraterrorismo en el Departamento de Estado, Nathan Sales, afirmaba al respecto:

"La designación de hoy sirve para avisar que Estados Unidos no se deja engañar por el intento de este afiliado de Al Qaeda de cambiar su marca". (3)

EE.UU tampoco ha renunciado a la última carta jugable por Washington para mantener su ilegal ocupación del norte de Siria, negociando una larga permanencia con los ahora ex-terroristas y ex-marxistas kurdos del PKK, en cuyas fuerzas se integran tanto "reciclados" miembros de Daesh como "voluntarios occidentales" que dicen combatir al propio Daesh; los francotiradores franceses recientemente capturados por el Ejército Árabe Sirio en Hasaaka también entraron como "voluntarios" de las SDF (4), el grupo montado por Washington bajo la supuesta bandera kurda y cuyo único motivo de existencia es perpetuar la ocupacion de las zonas petrolíferas más importantes de Siria en la provincia de Deir ez Zor.

Supone una prueba más de que la política de Trump se mantiene absolutamente en la línea tradicional del Pentágono, para el cuál nunca ha existido problema en utilizar desde grupos yihadistas o neonazis hasta supuestos autoproclamados marxistas como el PKK o el MEK en Irán para alcanzar sus oscuros objetivos geopolíticos.

Las formas para combatir el terrorismo yihadista global aplicadas desde la Casa Blanca únicamente parecen ofrecer no solo continuidad, sino una profundización en los lazos entre EE.UU y el principal patrocinador global del yihadismo como es Arabia Saudí, mediante multimillonarios contratos de armas (5), mientras señala y amenaza a aliados tradicionales como Turquía por los acuerdos turcos con Rusia en el ambito militar y que EE.UU extiende incluso a países como India por la misma razon; velar por el interés del fastuoso complejo militar-industrial estadounidense al que Trump ha demostrado no solo no contradecir, sino impulsar sus ganancias mediante un presupuesto militar ampliamente reforzado.

Bajo Trump, el hombre de las "fake news", EE.UU no solo no ha renunciado a los escandalosos montajes (como otrora hiciera en Yugoslavia, Iraq, Libia, Ucrania etc..) para impulsar sus políticas, sino que estas falacias han alcanzado proporciones grotescas, como hemos podido comprobar con los "habituales" ataques químicos del régimen sirio a sus civiles desarmados o las ya cíclicas rondas de sanciones antirusas basadas, por ejemplo, en vergonzosas tramas tan chapuceras como la protagonizada por Reino Unido con los Skripal o en montajes tan burdos y bochornosos como el "asesinato" y posterior resurrección del periodista Babchenko en Ucrania (6), escandalo que en nada perturbara los planes de rearme y capacitación del ejército ucraniano para su mas que inminente ofensiva sobre Donbass coincidiendo con el Mundial de fútbol Rusia 2018.

De hecho, el vergonzoso montaje acerca del supuesto envenenamiento del ex-espía ruso y su hija derivó en una de las mayores crisis diplomáticas de los últimos años, construida en base a una flagrante mentira. Hace apenas dos meses la Unión Europea y sus aliados expulsaron a más de 100 diplomáticos rusos, acusados prácticamente de ser espías encubiertos. Actos promovidos por el Reino Unido, quien empezó expulsando a 23 diplomáticos, para encontrar como fue Estados Unidos quien dobló la apuesta expulsando a otros 60. La mayoría de los demás países, si bien limitaron las expulsiones a uno o cuatro diplomáticos, apenas levantaron voces de protesta aún siendo conscientes del clamoroso montaje al que estaban asistiendo; curioso, cuanto menos, si atendemos a la delirante campaña de intoxicación que atribuía a Trump su victoria merced a la injerencia y el apoyo ruso en las elecciones.

Tampoco podemos olvidar la lamentable decisión tomada, ya no por Trump, sino por su yerno Jared Kushner, amigo personal de Netanyahu y cuyo supuesto cometido era trabajar para la paz entre israelíes y palestinos. Kushner y el poderoso lobby sionista en EE.UU impusieron su decisión de reconocer a Jerusalén como capital de Israel y abandonar el pacto nuclear con Irán tras los "descubrimientos israelíes" presentados en un grotesco y casi cómico show por Netanyahu. De hecho, estos acontecimientos han trasladado a segundo plano el hecho del reciente establecimiento en Israel de la primera base militar estadounidense.(7)

Trump expande la OTAN
De aquellas intenciones de Trump sobre abandonar la OTAN e iniciar una amplia repatriación de tropas estadounidenses desde las cerca de casi 1000 bases militares estadounidenses repartidas por todo el globo no queda nada, sino más bien lo contrario.

Amberes, 20 mayo 2018.
En fechas recientes y con nula repercusión en unos medios de información occidentales directamente puestos al servicio de la OTAN mediante su "Centro de Excelencia de Comunicaciones Estratégicas" (8), llegaba a Europa la 1ª Brigada Blindada de la 1ª División de Caballería de Estados Unidos, proveniente de Fort Hood (Texas). En el puerto belga de Amberes desembarcaban 3 000 soldados estadounidenses con 87 tanques Abrams M-1, 125 vehículos de combate Bradley, 18 cañones autopropulsados Paladin y otros casi 1000 vehículos militares diversos para desplegarse en bases en Polonia.(9)

En pocos meses, Trump pasó de su supuesta intención de abandonar la OTAN a reiterar en cada foro y aprovechar la ocasión para exigir mayor aportación a la organización, cuya dirección militar es exclusivamente estadounidense y cuyos mandos principales se designan desde Washington; para Europa, cuyos países miembros de la OTAN comprometieron un sustancial aumento del gasto militar hasta 2024 y que debe adaptar sus infraestructuras civiles y sus legislaciones fronterizas al gusto del ejercito estadounidense para "combatir una invasión rusa", supone una ingente cantidad de gasto que países como España difícilmente pueden sostener pero qué, por encima de ninguna consulta popular, será igualmente ejecutado acatando las órdenes de Washington.

En el caso citado de España, comprometida con la OTAN a aumentar en un 80% su gasto militar para 2024 (creciendo hasta los 18.000 millones de euros) el monumental esfuerzo ni siquiera bastará para alcanzar ese 2% del PIB en gasto de defensa al que España se comprometió en cumbre de Gales (2014).(10)

La OTAN no sólo no ha mermado con Trump sino que se ha extendido en ámbitos fuera de su supuesto marco geográfico original como en los Balcanes. La organización ha anunciado recientemente (11) como aviones de Italia y Grecia comenzarán las patrullas aéreas de la OTAN sobre Montenegro desde el 5 de junio de 2018, tras unirse dicho país a la OTAN en junio del año pasado.

Macedonia se encuentra a un paso de ingresar en la Alianza si soluciona un contencioso diplomático con Grecia relacionado con el nombre del país, mientras que Albania propuso recientemente a la OTAN construir una base naval en el mar Adriático, cuya ministra de Defensa, Olta Xhacka se mostraba preocupada por la actividad de Rusia, China, Irán y Turquía en la región;

"Estamos convencidos que ha llegado la hora de que EEUU establezca su presencia en Albania, (…) esta presencia de EEUU o de la OTAN sería una señal clara de que los aliados no se han olvidado de la región". (12)

Pero también es el caso de Colombia, aceptada ahora como "socio global" de la OTAN, convirtiendo a dicho país en el gendarme de Washington en una región donde el interés de EE.UU se basa en el control y pre-posicionamiento de cara a posibles intervenciones frente a países señalados como Venezuela, Cuba, Nicaragua o Ecuador; desde el punto de vista militar habrá que observar que repercusiones tiene en un Caribe ya suficientemente militarizado.

Otros países forman parte de esta misma categoría ahora alcanzada por Colombia, como son Afganistán, Australia, Irak, Japón, Corea del Sur, Mongolia, Nueva Zelanda, Marruecos, Argentina o Pakistán (13) ; caso aparte es Israel, quien posee su propia oficina en Bruselas y cuya interrelación tanto con EE.UU como con otros miembros de la OTAN es mucho mas estrecha y directa.

En definitiva, Trump ha pasado de su supuesto desinterés por la OTAN a convertirla en una organizacion con un carácter más global que nunca en su Historia.

ENLACES:
(1) https://lugrogeopolitica.blogspot.com/2016/09/hillary-clinton-la-candidata-del.html
(2) http://www.theamericanconservative.com/larison/boltons-ridiculous-libya-model-for-north-korea/
(3) https://www.wsj.com/articles/u-s-issues-terror-designation-for-rising-syrian-militant-group-1527797992
(4) https://smmsyria.com/2018/05/17/breaking-french-snipers-detained-in-hasakah-full-story/
(5) https://elpais.com/internacional/2017/05/20/actualidad/1495269138_611412.html
(6) http://www.lavanguardia.com/internacional/20180531/443967614085/farsa-ucraniana-babchenko-dana-credibilidad-era-fake-news.html
(7) https://www.zona-militar.com/2017/09/20/estados-unidos-abre-una-base-permanente-israel/
(8) El Centro de Excelencia de Comunicaciones Estratégicas es una organización militar internacional cuya función es informar y capacitar a funcionarios y especialistas de la OTAN y sus países socios. Sobre todo, ofrece a la Alianza y a los Gobiernos que lo financian informes detallados sobre la desinformación procedente de Rusia y otros países cuyos intereses puedan entrar en conflicto con los de EE UU y sus aliados europeos.
(9) http://www.businessinsider.com/us-army-ironhorse-brigade-armor-unit-training-to-travel-around-europe-2018-5
(10) https://politica.elpais.com/politica/2017/12/26/actualidad/1514312944_214046.html
(11) https://www.nato.int/cps/en/natohq/news_154999.htm 
(12) https://mundo.sputniknews.com/europa/201805031078383534-europa-balcanes-alianza-atlantica-base/
(13) http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-44262895

miércoles, 24 de enero de 2018

Kiev apuesta por la guerra

La Rada (Parlamento) ucraniana aprobó recientemente un nuevo proyecto de ley con respecto al Donbass. Pendiente de la firma presidencial, la denominada como "Ley de Reintegración para el Donbass", se constituye como una iniciativa destinada únicamente a plantear un nuevo marco legal (eso sí, dentro de los habituales planteamientos ucranianos) que justifique, al menos para consumo interno y de cara a sus patrocinadores internacionales, la única consecuencia que puede desprenderse de una iniciativa así; un recrudecimiento a gran escala de la guerra desatada por Kiev contra los territorios de Lugansk y Donetsk.

Esta nueva ley es, por tanto, simplemente una pincelada legal para la continuación de la guerra, en la cual se declara a Rusia como potencia agresora y ocupante del Donbass; es decir, el mensaje mediático ampliamente diseminado desde Kiev, desde las principales capitales occidentales y desde sus medios de comunicación tras el golpe de estado en Ucrania en 2014, adquiere ahora "oficialidad" en forma de ley aprobada por la Rada ucraniana. (1)

Si bien es cierto que el Presidente Petro Poroshenko aún tiene que firmar el proyecto de ley, que, ciertamente es posible nunca entre en vigor como se ha podido comprobar con otras iniciativas salidas de la Rada, demuestra claramente la posición belicista de Kiev, jaleada y propulsada desde el exterior en detrimento de una solución dialogada; quizás sea esa la conclusión más importante a extraer de todo este asunto.

En esencia, aparte de la concentración de poder en manos presidenciales, la nueva ley presenta la forma de una auténtica declaración de guerra, puesto que incluso ya no define la situación en Donbass como "operación antiterrorista", sino como una ocupación extranjera de "formaciones militares rusas", y cuya "liberación" llegará sólo mediante la intervención del ejército ucraniano.

De un plumazo, Kiev entierra los Acuerdos de Minsk, ya de facto bloqueados desde hace tiempo e ignorados a la vista de la incesante actividad militar ucraniana en la zona. Y lo hace dejando de considerar cualquier dialogo con las repúblicas insurrectas al considerarlas como parte de la “ocupación rusa”; mientras los acuerdos de Minsk trataban de ofrecer unas mínimas concesiones políticas a Donbass, con un grado de autonomía no expresamente definido y que habría de ser negociado de forma directa entre Kiev y las repúblicas, el nuevo proyecto de ley no deja resquicio legal para la solución dialogada.

La ley, que siguiera menciona los acuerdos de Minsk, deja igualmente en el aire otro formato de diálogo y negociación como era el llamado “Cuarteto de Normandía”, donde participan Alemania y Francia junto a Rusia, ahora convertida oficialmente en “potencia agresora”.

Una vez más y de manera contradictoria, Kiev dice no renunciar a ninguno de los dos formatos de negociación, esperando obtener rédito de ello pese a la incongruencia de “trabajar” con el “enemigo invasor”, como así se define a Rusia a partir de ahora.

La "Doctora del Maidan".
Evidentemente, tanto en Donbass como en Rusia se entiende perfectamente el significado de ésta iniciativa, mientras que el pensamiento reinante entre los extremistas ucranianos aupados al poder tras el Maidan, se refleja en el cínico planteamiento de la conocida como “Doctora del Euromaidan”, la diputada Olga Bogomolets, quién recientemente realizaba unas hirientes declaraciones tras una breve estancia en la hasta ahora denominada “zona ATO”.

Para Bogomolets (2), los habitantes de Donbass se preocupan más por su deseo de sobrevivir en lugar de estar interesados en temas espirituales, puesto que solo ven en Ucrania una fuente de ingresos adicionales y carecen de identidad nacional o de civilización, y finalmente apuntando que la reintegración de Donbass solo será posible una vez que Ucrania dé trabajo a los residentes de la región y pague las pensiones.

Bogomelets obvia descaradamente los miles de heridos y muertos en el conflicto provocados por la incesante actividad militar y olvida mencionar que Kiev ha hecho todo lo posible para no implementar unos Acuerdos de Minsk que ahora pretende sepultar puesto que considera al Donbass simplemente como un territorio que “limpiar” de sus ocupantes rusos y sus aliados “terroristas locales”.

Entre otros aspectos, para la “doctora del Maidan”, no parecen relevantes las alarmantes cifras de la rápida expansión de enfermedades como el sarampión (3) o el Sida (4), que afectan de manera mucho más evidente a la propia Ucrania que a las repúblicas de Lugansk y Donetsk.

Marie Yovanovitch
Unas declaraciones, no por casualidad respaldadas en la misma línea, por las palabras de la embajadora de Estados Unidos en Ucrania, Marie Yovanovitch, que por supuesto no mencionan ni las pérdidas humanas ni el enorme costo en destrucción de infraestructuras y bienes en Donbass:

“..Ahora mismo es importante demostrar que la propaganda rusa que dice que Ucrania no se preocupa por la población en el este no es cierta. Y eso será importante en el futuro para las perspectivas de reintegración de esas áreas. La lucha por los corazones y las mentes es uno de los aspectos más importantes de lo que está pasando en el este ahora mismo”. (5)

Una salida hacia delante para Poroshenko y los suyos
Para el consumo interno de sus cada vez menos partidarios, esta iniciativa quizás logre recopilar algo de apoyo para un Poroshenko en horas bajas y cuyo mandato, realmente amenazado, no deja de ser cuestionado constantemente.

Sin embargo, es en la reacción en el exterior donde los gobernantes de Kiev suelen fijar toda su atención. Es ahí donde encuentran a Estados Unidos como el principal interesado en la reactivación a gran escala de la guerra.

Tras su fracaso en Siria (agravado ahora con la operaciones turcas contra sus proxys kurdos), los estrategas estadounidenses apuestan por Donbass para continuar desgastando a Rusia, escenario donde Estados Unidos ya presupuestó 350 millones de dólares para apoyo militar a Ucrania, quién entiende como positivo para sus intereses cualquier desestabilización que pueda provocársele a Rusia, bien de forma directa, bien a través de sus aliados.

Rusia, más allá de sus ineludibles obligaciones morales para con Donbass, tendría muy poco que ganar y mucho que perder económica y diplomáticamente de un enfrentamiento abierto con Ucrania. Incluso dado el hipotético caso de un enfrentamiento convencional entre los ejércitos ruso y ucraniano, a pesar de su superioridad, para Rusia no pasaría de ser una victoria mínima; EE.UU sí obtendría un rédito importante manteniéndose en segundo plano mientras profundiza su retórica de la "agresión rusa", con un coste relativamente bajo para Washington.

Cualquier reacción rusa, sea cual sea, activará de nuevo la incansable maquinaria de las sanciones, para la cual EE.UU tratará de sumar todo el apoyo europeo posible, entendiendo que todo lo que signifique distorsionar las relaciones entre Europa y Rusia beneficia sus intereses.

Pero tal vez la estrategia estadounidense vaya más allá: en ese caso, el verdadero peligro radicaría en que Estados Unidos y sus aliados de la OTAN decidieran implicarse de forma abierta e intervenir militarmente, creando unas condiciones de extremo riesgo cara a un conflicto generalizado de consecuencias incalculables.

El frente económico empuja a Kiev
La situación económica actual de Ucrania tampoco invita al optimismo y también es causa de este salto hacia delante. Kiev sigue esperando y necesitando dinero, pero la UE no ha entregado los últimos 600 millones de euros prometidos, que se corresponden con el tercer y último tramo de dicha ayuda financiera prometida, aplazando su entrega por el incumplimiento de varias condiciones citadas expresamente por el embajador de la UE en Kiev, Hugues Mingarelli: levantar la prohibición a la exportación de madera en tronco, poner en marcha la revisión automática de las declaraciones electrónicas de renta de los funcionarios, aprobar la ley sobre el registro del crédito del Banco Nacional, así como comprobar la información sobre los beneficiarios de las empresas. (6)

Pero aún más determinante para el futuro económico de Ucrania es la negativa del FMI a liberar otro tramo de otros 800 millones de dólares sin la introducción previa de importantes reformas. Como dejo claro el representante residente del FMI en Ucrania, Gösta Ljungman, para que el FMI libere su próximo tramo, el país eslavo debería adoptar una ley sobre privatización y reformar las pensiones. Ante tal imposición, que no es sino el modo de actuación convencional del FMI, la Rada ucraniana aprobó otra ley mucho menos publicitada que la referida a Donbass. (7)

Precisamente eso ha sucedido con toda la atención volcada sobre Donbass, puesto que fue aprobada también una nueva ley de privatizaciones; bajo el habitual engranaje de términos y circunloquios neoliberales, esta nueva legislación permite que se compren los bienes estatales hasta por un 50% menos de su valor de salida.

Finalmente, en fechas recientes hemos podido conocer como Ucrania ha transferido parte de sus reservas internacionales en oro por un valor de 1.000 millones de dólares al Banco Mundial. Según el vicepresidente del Banco Nacional de Ucrania, Oleg Churi, se trataría de 25 toneladas de oro. (8)

Ya sean aceptables o no estas medidas tanto para la UE como para el FMI, lo cierto es que en 2019, Ucrania debe comenzar a reembolsar los préstamos anteriores, que han ido acumulándose y lastraran la economía del país de manera irremisible durante los próximos años; en 2019, las cifras rondaran ya los 14.000 millones de dólares, equivalentes a la mitad del presupuesto estatal de Ucrania, evidenciando la dependencia de Ucrania de la financiación externa, hasta tal punto que la capacidad de decisión de Kiev ha quedado reducida a la mínima expresión.

Aislamiento energético
El peso geopolítico de Ucrania en la relación Europa-Rusia-EE.UU se basa casi únicamente en el cada vez más reducido papel ucraniano como país de transito del gas ruso hacia Europa.

En el cálculo de ucranianos y estadounidenses para apostar definitivamente por el aplastamiento militar del Donbass se encuentra ese elemento clave; el gas.

Si finalmente y contra todas las adversidades, el gasoducto ruso Nord Stream 2 es finalizado en 2019, el precio geopolítico y económico a pagar por Ucrania será demasiado alto, puesto que el gas transitaría por el Báltico desde Rusia hasta Alemania, para posteriormente redistribuirse por la Unión Europea, terminando con el transito actual de parte del gas ruso por Ucrania.

Las estimaciones más optimistas cifran en más de 2.000 millones de dólares anuales las perdidas por el tránsito de gas ruso a través de Ucrania.

Supondrá a su vez que ese gas, también consumido por Ucrania, haya de conseguirse de otros proveedores, aumentando considerablemente la factura energética y convirtiendo además la red de gasoductos ucranianos en una infraestructura prácticamente inútil, teniendo en cuenta que dicha infraestructura es actualmente vital para el país, no por servir de tránsito desde Rusia a Europa, sino porque Ucrania recibe gas de la parte europea a través de dichos conductos, fundamental para el abastecimiento energético del país.

Como acertadamente señalan algunos analistas, (9) "en los tres últimos años, la empresa ucraniana Naftogaz ha jugado un papel importante en el tránsito inverso de gas natural a Ucrania —es decir, en el tránsito no de Ucrania a Europa, sino de Europa a Ucrania—. Sin embargo, que haya tránsito inverso para Kiev solo es posible si Europa recibe suficiente gas ruso. Si Eslovaquia, Polonia y Hungría empiezan a recibir gas natural de otra forma —empezando desde Alemania y a través del Nord Stream 2—, que Ucrania reciba gas desde el oeste pasará a ser mucho más difícil" .

Es decir, que si es puesto en funcionamiento, Nord Stream 2 posibilitara que Gazprom controle el suministro de gas a aquellas compañías que abastezcan a Ucrania, haciendo aún más vulnerable el sistema energético ucraniano. Esta disposición es tal vez el hecho clave que finalmente hizo desistir a Kiev de sus intenciones, que en los años 2014-2015 incluían la destrucción de los gasoductos rusos que cruzan Ucrania; unos planes admitidos por el propio gobierno ucraniano y que finalmente no se llevaron a cabo, salvo por sabotajes puntuales. (10)

Como se ha demostrado recientemente, Ucrania no está preparada para prescindir de dicho suministro y un hecho acaecido recientemente parece esclarecedor en este sentido.

Parece probable que las importaciones de carbón estadounidense no sean suficientes para abastecer a Ucrania cara al invierno (11-12) en vista de la reciente medida adoptada por el Ministerio de Desarrollo Económico y Comercio de Ucrania, quien sin más explicaciones acaba de levantar las sanciones contra el proveedor ruso de carbón Yuzhtrans.

Dicha empresa fue incluida, junto a otras18 empresas rusas, en una lista de sanciones aprobada el pasado octubre y que entro en vigencia el 9 de diciembre de 2017. (13)

¿Una iniciativa propiamente ucraniana?
De los términos reflejados en el texto de la ley podemos extraer conclusiones claras acerca de incoherencia de la política exterior ucraniana y que nos llevan de nuevo a reiterar la perdida de la capacidad de decisión y la entrega de soberanía acaecidas en Ucrania desde los acontecimientos de 2014, como así delatan las incoherencias reflejadas en el nuevo proyecto de ley.

Hasta ahora, la operación de castigo a las repúblicas de Lugansk y Donetsk era descrita como una “operación antiterrorista” (ATO), pero durante el proceso de discusión de la nueva ley era rechazada una iniciativa parlamentaria que buscaba denominar a dichas entidades como “organizaciones terroristas”.

Igualmente, Rusia es definida claramente como “Estado agresor”, pero pese a dicha calificación que prácticamente sitúa a Ucrania en estado de guerra contra Rusia, no se han roto las relaciones diplomáticas ni se ha declarado oficialmente la guerra; una situación que va contra toda lógica mientras se sigue perpetuando la idea de la “guerra hibrida” lanzada por Rusia o se afirma en el texto de la ley que las fuerzas ucranianas deben “liberar” los territorios de Donbass de la “ocupación militar rusa”.

Lo cierto es que el régimen ucraniano surgido tras el Maidan no ha podido doblegar a los habitantes y milicias armadas de Lugansk y Donetsk desde que anuncio su autodenominada "operación anti-terrorista" poco después del citado golpe de estado, mientras que en este tiempo Ucrania se ha convertido en un país plenamente dependiente de los créditos exteriores del FMI, con las consecuencias que ello siempre conlleva en las condiciones de vida de los ciudadanos donde la "desinteresada ayuda financiera" aterriza.

Geopolíticamente, el golpe de estado alineo de manera rotunda a Ucrania con los intereses estadounidenses y supuso el inicio de la integración ucraniana en la OTAN, logrando así algunos de sus principales sponsors internacionales (EE.UU a la cabeza), poner bajo su control un territorio de tal valor estratégico como el que supone Ucrania, fronterizo con el gran enemigo omnipresente; Rusia, incluida la fundamental península de Crimea.

El impulso estadounidense a la guerra
A inicios del pasado diciembre, la administración Trump aprobaba la exportación de armas de fuego semiautomáticas y automáticas a Ucrania (14), además de oficializar la entrega de los poderosos misiles antitanque FGM-148 Javelin, producidos por Lockheed Martin y Raytheon en EE. UU. Según lo publicado por los medios estadounidenses (15), el envío ascendería a 47 millones de dólares (210 misiles antitanque y 35 lanzadores).

De igual manera, el pasado 21 de diciembre, Trump también firmó un proyecto de ley de asignaciones de defensa de los EE.UU. para el año fiscal 2018 que asigna un paquete de ayuda militar de 350 millones de dólares a Ucrania.

Según el general Viktor Muzhenko, jefe del Estado Mayor, las unidades de Javelin pueden ser entregadas a Ucrania dentro de dos a seis meses, como afirmo el 17 de enero durante una reunión del comité militar de la OTAN en Bruselas. (16)

Dada la situación ucraniana actual, parece poco probable que Poroshenko y su gobierno actúen de forma autónoma sin el consentimiento y respaldo de la Casa Blanca, puesto que la nueva ley ucraniana parece enterrar la solución diplomática que contemplan los Acuerdos de Minsk. Dicho "consentimiento" se traduce en el incremento cuantitativo y cualitativo del armamento suministrado a Ucrania por EE.UU, hipócritamente siempre acompañado del calificativo "defensivo".

El Estado Mayor de las Fuerzas Armadas ucranianas también afirmó categóricamente que el regimiento Azov, no será dotado de misiles anticarro portátiles de Javelin:

"Los informes en los medios de que el regimiento Azov del Ministerio del Interior puede tener sistemas de misiles Javelin estadounidenses son falsos”. (17)

Pese a estas declaraciones, las evidencias apuntan a todo lo contrario; el Azov habría sido dotado de armas fabricadas en Estados Unidos mucho antes de que la administración del presidente estadounidense Donald Trump decidiera oficialmente a fines de 2017 proporcionar armas letales a Ucrania.

Según investigaciones recientes, los combatientes de Azov ya poseen lanzadores de granadas PSRL-1 (producidos por la compañía estadounidense Airtronic USA Inc.) al menos desde julio de 2017, merced a un contrato existente entre la empresa estatal de Ucrania SpetsTechnoEksport y Airtronic USA Inc firmado en noviembre de 2016 por un valor de 554.575 dólares. (18)

De hecho, el batallón Azov ha continuado llevando a cabo su entrenamiento al estilo occidental, cara a su futura integración en la OTAN, desechando las antiguas prácticas soviéticas que todavía persisten en otras unidades ucranianas; es sobradamente conocido y reconocido por la propia unidad la presencia de numerosos y reconocidos neonazis extranjeros en sus filas (Georgia, Gran Bretaña, Suecia, Bielorrusia, Canadá, Francia, Italia y Eslovenia).

Así lo reconoció el propio servicio de prensa de Azov en julio de 2017 reportando que sus fuerzas estaban probando dichas armas y publicando incluso fotos de pruebas de las armas en un campo de tiro, pese a que el pasado 9 de enero, el mando de la Guardia Nacional de Ucrania negaba que Azov nunca hubiese tenido a su disposición misiles Javeline o PSRL, cuyas informaciones fueron eliminadas de los dos sitios web oficiales de Azov.

Representantes de Azov en España.
Lo cierto es que pese a que Azov fue en su momento expulsado del programa de ayuda militar estadounidense por su carácter extremista. En 2017, el Pentágono presionó para eliminar esta traba una vez que Azov fue integrado en la Guardia Nacional de Ucrania.

NOTAS: